ANTECEDENTES.
¿Por qué nos gusta lo dulce? No vale decir «no como dulce porque no soy goloso». A todos nos saben bien los alimentos relativamente dulces: preferimos las frutas maduras a las verdes, por ejemplo. Pues bien, las cosas dulces, por lo general, contienen mucha energía y, sobre todo, una energía muy rápidamente utilizable por el organismo. Cuando un deportista está a punto de sufrir una 'pájara' no debe comer una fabada, sino un pastel.
El dulce, en cambio, se digiere a gran velocidad y el organismo se reactiva con facilidad. Con otras palabras, nuestro cerebro relaciona la ingesta de comida dulce con rápida disponibilidad energética. Y aquí es donde falla la estrategia de los alimentos artificialmente Edulcorados.
Un buen postre está considerado como el punto final o el cierre de cualquier comida, desde el plato más sencillo al más sofisticado. La preparación del postre debe ser muy cuidadosa ya que debe generar un equilibrio con los platos que lo precedieron.
El gusto en el paladar debe generar una combinación con los demás platos sino el postre, como coronación de la comida, habrá fallado.
Es importante tener en cuenta que un postre demasiado suculento, por más que su presentación en el plato luzca de la mejor forma y sea visualmente atractivo, puede arruinar toda la comida. Del mismo modo, si la comida (cena o almuerzo) que se sirvió fue liviana, el postre puede permitirse una mayor carga calórica y de componentes, así como de azúcar.
Un consejo muy importante es que, si en la cena o el almuerzo que han precedido al postre se empleó algún tipo de souflett, salsa blanca o gratins, el postre no debe incluir ningún tipo de crema o de salsa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario